Blog de la asignatura Crítica Teatral 2

impartida por Juan Antonio Vizcaíno


domingo, 22 de mayo de 2011

Eva al desnudo


Se dice que asistimos a un fenómeno de lo universal cuando dicho acontecimiento tiene interés en cualquier época. En este sentido, Eva al desnudo, lo es. Efectivamente, se estrenó en EEUU en 1950. Sin embargo, a día de hoy, año 2011, no ha perdido interés, precisamente porque nos habla de la necesidad de trascendencia en el ser humano, así como de un pequeño mundo, el del espectáculo, en el que las normas del juego no han variado mucho.

Joseph J. Mankievich es el responsable de este brillante guión, con no menor suerte en la dirección del mismo. La sutileza, el ingenio y el ideolecto característico de cada personaje hacen que nos encontremos con una obra maestra del cine. Las palabras fluyen con facilidad, dando paso a una trama rápida y rica que se basa en las relaciones entre los personajes. El reparto es excepcional, pues para dar vida a estos seres, era necesario que los encarnaran grandes actores.

Asistimos de la mano de distintos narradores (la película empieza por el final, y se construye a base de flash backs) al descubrimiento de una gran diva del teatro (Eva Harrington). La vemos dar sus primeros pasos acercándose todas las noches a Broadway, a ver a Margo Channing, la actriz a la que venera. Luego la vemos introducirse en la vida de esta, conquistar a todos con su “genuina modestia”, hasta llegar a ser la sustituta de Margo, obteniendo gran éxito y ovación”.

Esta película nos abre un mundo subterráneo de la ambición y de la necesidad de ascender, así como un fiel retrato del magnetismo que ejerce la profesión en todo el gremio.

La pieza tiene una estructura cíclica ya que el final conecta con el principio, pues Eva deviene Margo al ser idolatrada por una jovencita que hace (como ya la viéramos a ella) todo lo que está a su alcance para escalar en la profesión. Es evidente que el subrayado lo ha elegido Mankievich con la intención de remarcar la idea de que el caso de Eva no es un caso aislado en el teatro sino que la profesión está llena de situaciones y ambiciones paralelas a esta. No obstante, parece que la historia de Eva tiene peso por sí misma, de manera que resulta innecesario dicho matiz. Incluso deviene redundante.


Mankievich extrajo la idea original de la novela de Orr, que cuenta la experiencia vivida por la actriz Elisabeth Bergner. La narratividad es un elemento muy característico de la película, acaso porque nace a raíz de la novela. También cabe destacar la importancia del diálogo. Estos dos elementos permiten que no sólo se saboree el mundo del teatro en el argumento, sino también en la forma en la que se ha escrito.

La palabra es un recurso que domina el personaje del crítico, que hace las más de las veces de narrador. A través de este, atendemos al espíritu crítico, al cinismo y a una suerte de distanciamiento, que se nos presentan como características fundamentales en todo aquel que quiera ejercer la profesión. Constituye, por tanto, un ejemplo bien interesante de la figura del crítico, así como destaca la relevancia de su labor: él se pone al mismo nivel artístico que Eva Harrington. La única diferencia es que ella interpreta papeles mientras que él escribe críticas para los periódicos.

Bette Davis interpretó brillantemente el papel de la actriz que asiste al ocaso de sus días de gloria, precisamente porque la juventud irrumpe arrasándolo todo. Lo mismo podemos decir de Anne Baxter en el papel de Eva Harrington (nos sorprende por su deslumbrante dulzura que torna en frialdad). Pero no sólo las actrices protagonistas deslumbran en este largometraje. Resulta imposible olvidar a la devota criada de Margot, interpretada por Thelma Ritter, o la amiga de esta, interpretada por Celeste Holm.

La Academia reconoció el trabajo de esta producción con seis Premios Óscar.




Ignatius Reilly

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