Blog de la asignatura Crítica Teatral 2

impartida por Juan Antonio Vizcaíno


martes, 16 de febrero de 2010

ESENCIA PURA

Dos días atrás, viajando en un vagón del metro, se encontraba una madre sentada al lado de su hijo; un niño que todavía no habría cumplido tres años de edad. Éste me miraba fijamente, casi sin parpadear, tal y como si me estudiara. Por un momento me sentí intimidado por el descaro con el que fijó sus ojos en mí. De pronto sentí la necesidad de interactuar para romper aquella situación incomoda y le saque la lengua. El crío rápidamente giró la cabeza para mirar a otro lado. Dejo de interesarse en mí, y se limitó a observar a una chica que escuchaba música desde su i-pod. Es posible que mi mueca falsa no le pareciera importante y, seguramente continuó absorbiendo información sobre los rasgos y caracteres de los demás pasajeros durante el resto del viaje.

Me pregunto porqué la mirada de un niño puede llegar a intimidarme. Tal vez yo mismo traslade a ellos las ideas preconcebidas que en su mente no han existido todavía. La esencia de la niñez esta limpia de los juicios adquiridos con la cultura de las sociedades que les rodean. Observan sin prejuicios, adquiriendo una información limpia, que absorben y retendrán por largo tiempo, ordenando todo lo aprendido bajo su prisma particular, una lógica natural e incontaminada. A nosotros, los adultos, parece hacernos reír, ya que las ocurrencias y preguntas de un niño están fuera de nuestro orden lógico. Sus preguntan nos descolocan al igual que el final de un chiste, ya que se da lugar a la respuesta inesperada. Pero lo cierto es que las inocentes conclusiones de los niños son algo muy serio para ellos y, de igual manera debieran serlo para nosotros.

Quién cree que experimenta sensaciones y emociones nuevas que tienen lugar a lo largo de las diferentes etapas de su edad adulta, posiblemente este equivocado, ya que nada tiene valor si no nos remite a algún momento que, previamente, sin apenas percatarnos de ello, no se haya absorbido en la infancia; pues en esta etapa se grabaron todas las emociones posibles, las cuales, quedaron almacenadas en nuestra biblioteca sensorial.

Todos los placeres del resto de nuestras vidas serán una regresión al origen, al pasado de nuestra edad temprana, aunque, estemos muy lejos, en lugar o en el tiempo. ¿Qué verdaderos placeres existen en la vida si no te devuelven a la niñez? Solo es posible empaparse de la esencia de las cosas desde unos ojos primerizos, desde los oídos que escuchan por primera vez, desde la piel nueva, desde una nariz y una boca que olfatea y saborea sin hacerse preguntas o juzgar, desde una mente despojada de preocupaciones e ideas adquiridas, desde los sentidos sin saber que estamos sintiendo.

El placer es irracional, de la misma manera que también lo es el miedo. Tal vez no recordemos cuando un perro nos mordió al intentar hacerle una caricia o, la primera vez que quisimos arrancar una rosa con las manos, y nos herimos con sus espinas; pero continúa en algún rincón de nuestra mente por el resto de los días. La propia experiencia recogida por un niño a lo largo de su infancia, es con toda seguridad, la más real de todas las que se han podido adquirir. De tal modo un niño es siempre repetidor de los primeros pasos del hombre sobre la tierra. Un pequeño y novato alquimista de su propio mundo. Sus ojos, la primera mirada de los tiempos por el ser humano.

¿Por qué es que nos alejamos tanto del niño que llevamos dentro? ¿Es porqué tenemos miedo a que sea mas sincero y honesto que nuestro adulto? ¿Por qué existen cosas que no caben en nuestra lógica, cuando en la de ellos todo tiene la dimensión y el sentido más real? Las respuestas a las preguntas sobre los temas verdaderamente importantes de nuestro mundo, posiblemente solo puedan ser contestadas por un viejo sabio, o niño de espíritu puro e incontaminado.

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