Blog de la asignatura Crítica Teatral 2

impartida por Juan Antonio Vizcaíno


lunes, 18 de octubre de 2010

El buen hacer también se exporta

Todos eran mis hijos. Autor: Arthur Miller. Adaptación y dirección: Claudio Tolcachir. Escenografía: Elisa Sanz. Reparto: Carlos Hipólito, Gloria Muñoz, Fran Perea, Manuela Velasco y Jorge Bosch, entre otros. Teatro Español, 10-IX-2010.

El argentino Claudio Tolcachir ha salido victorioso de su primer encargo como director en estas tierras, con una coproducción entre el Teatro Español y la productora PTC (Producciones Teatrales Contemporáneas), que distribuye también los dos montajes de Timbre 4 (compañía del propio Tolcachir). Esos dos espectáculos que el público de aquí ha podido disfrutar son La omisión de la familia Coleman, y Tercer cuerpo. De ellos queda en este Todos eran mis hijos una velocidad inusual en el habla y una forma de pisar réplicas más cercana al modo de hablar cotidiano que a lo que se estila en los escenarios españoles. Por cierto, otro argentino, Daniel Veronese, también hace uso de esta peculiaridad en sus montajes. Todos eran mis hijos no tiene, eso sí, la frescura de aquellas dos de Timbre 4, estrenadas y gestadas en Argentina, con actores de allá, quizá por la inmediatez y contemporaneidad del texto de aquéllas.

La obra del gran dramaturgo estadounidense Arthur Miller fue estrenada en Nueva York en 1947 causando un gran revuelo en la sociedad de la época. Joe Keller (Carlos Hipólito), en los últimos años en activo que le quedan antes de retirarse, intenta lavar su conciencia por haber vendido su empresa durante la 2ª Guerra Mundial unas piezas de avión defectuosas, provocando con ello la muerte de unos cuantos soldados estadounidenses. Su hijo Chris (Fran Perea) se debate entre seguir o no al frente de la empresa familiar. Siempre acompañados por la tozudez de la madre de Chris y esposa de Joe, Kate Keller (Gloria Muñoz), que confía en el regreso de su otro hijo desaparecido en guerra. La madre, por cierto, parece un poco más desequilibrada en escena que cuando uno lee el texto. La obra comienza con la visita de Ann Deever (Manuela Velasco), prometida del hijo desaparecido, y pretendida también por Chris. La madre, que se imagina el motivo de la llegada de Anne a la casa, invitada por Chris, se muestra reacia a esa visita, pues se resiste a aceptar que su hijo no vaya a volver nunca, ya que eso supondría aceptar también otras muchas cosas. En España se estrenó en 1951 en un teatro cercano al de esta ocasión, en el de La Comedia.

El reparto está compuesto de grandes figuras de la escena como Muñoz e Hipólito, que interpretan al matrimonio Keller, y podemos comprobar la magnífica dirección de actores llevada a cabo por Tolcachir, que hace que incluso aquellos de menos peso -como actores, que no como personajes-, brillen en algún momento. Me refiero a los dos jóvenes que llevan el protagonismo junto con los Keller. Ni Perea ni Velasco están a la altura de sus compañeros de reparto, o incluso de algún secundario, como María Isasi, o Ainhoa Santamaría que interpretan a dos vecinas, y que son bastante más comedidas en gestos y expresiones que Perea. Éste último sufre altibajos durante toda la representación. Explosiones de energía innecesarias seguidas por momentos de calma inmotivados. En cuanto a ella, en su estreno en las tablas, por momentos se la dejaba de oír. A medida que las funciones avanzan se relajará y dejará de estar tan nerviosa como se la notaba en su debut.

Como consecuencia de la velocidad a la que se dice el texto, de las conversaciones paralelas que en algún caso se dan, del huir de las pausas y del pisar de réplicas, da la sensación de que no hay un solo momento de respiro en el fluir continuo del texto. Se pudiera pensar que si no hay pausas o inflexiones, todo es igual, es decir, nada es importante. Pero el director consigue que se entienda bastante bien la historia. Y además la condensa a una duración justa y correcta: hora y media; en eso otros muchos deberían tomar nota. Y consiguió algo también importante: que el público del patio de butacas aplaudiera puesto en pie.

 

nico guau

 

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