Blog de la asignatura Crítica Teatral 2

impartida por Juan Antonio Vizcaíno


lunes, 25 de abril de 2011

Si hubiera dudado un poquito


Yo no digo mentir, pues no es propio de reyes y además se corren riesgos, como que te crezca mucho la nariz y a ver que hubieran hecho luego todos los pintores, con la cuestión de la perspectiva. Yo digo: dudar un poquito.

Imaginemos que somos reyes por una temporada. Imaginemos que un sector de la población nos aclama, que vamos con una sábana de capa y descalzos por ahí hablando en poesía, que tenemos poderes, que el sexo opuesto siente una atracción irresistible por nuestra persona. En resumen, que nos van bien las cosas. Imaginemos que el bando opuesto empieza a sentir envidia, pasión humana por excelencia y que quiere hundirnos física y moralmente. Y todo porque por fin, nos van bien las cosas.

Imaginemos que en plena ola de éxito, las cosas se ponen peor, nos hacen un juicio y nuestros poderes proféticos nos advierten de que ese juicio se va a repetir durante toda la eternidad. Eternamente vamos a estar arrastrando la misma cruz de dos metros y treinta kilos, por mucho que Mel Gibson exagere las cifras, para siempre se nos caerá la misma cruz en el mismo tramo, cada jueves por primavera nos colocarán la dichosa coronita y la sempiterna pregunta resonará en nuestros oídos, me atrevería a decir que a diario y no solo en Semana Santa: ¿Eres culpable? Able…able…able…

Y aquí es dónde la historia debería en mi opinión dar un brusco pero firme volantazo:

Caifás: ¿Eres el Mesías?

Jesucristo: El Mesías lo que se dice el Mesías…

Caifás: ¿Eres o no eres el Mesías?

Jesucristo: Hombreee… Así dicho…no.

Caifás: ¿Quién eres entonces?

Jesucristo: No se puede negar que caigo bien, que tengo don de gentes.

Caifás: ¿Eres o no eres el hijo de Dios?

Jesucristo: Me encanta que me hagas esta pregunta.

Si hubiera dilatado un poco la cuestión, tal y como hacen hoy en día todos nuestro políticos, quizás no tendríamos este peso metafísico sobre nuestros hombros, peso de cruz lo llaman algunos. Y es que si bien Jesucristo se murió un día, la cruz invisible la llevamos el resto durante toda la eternidad, no veo claro eso de que murió por nosotros. Yo creo que desde que murió él, morimos todos un poquito todos los días. Lo bueno que tiene todo esto son las vacaciones, eso se lo agradecemos muchísimo. (reverencia)

Yo propongo: quedarnos con las vacaciones, con el espectáculo, pero quitarle el aire gore e introducir unas pequeñas variaciones que distiendan lo grave de la situación.

Ahí queda la aportación de una joven dramaturga.

Ana María García.

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