2º Entrevista personal. Haga frases cortas. Si usted se hace el interesante e intenta construir frases con empaque acabará diciendo cosas inverosímiles. Si usted quiere decir, por ejemplo, Cuán me deleito con ese excelso escritor llamado Fernando Arrabal artífice de ilustres obras como El Arquitecto y el emperador de Asiria, se sorprenderá a usted mismo diciendo: Yo soy un excelso escritor, de obras tales como el Arquitecto y el Emperador de Asiria, mi nombre no sé si lo he dicho, es Fernando Arrabal. Entonces usted se reirá (por no llorar) y esos siete hombres (sin piedad) le mirarán muy serios. Asúmalo. Está usted nervioso. Si no asume esta sencilla circunstancia, sufrirá usted de miedo al miedo y la catástrofe estará servida.
Me gusta mucho significa en realidad que su trabajo es pasable, sin lanzar cohetes.
No me gusta nada es que algo hay de interesante en su trabajo, una pepita de oro brillando en el barrizal de lo que seguramente sea su primer trabajo. Encontrarla depende de usted. No sea suspicaz y pregunte: Oye, perdona y ¿Qué es lo que menos te gusta? Mantendrán una conversación dantesca. No funcionará.
Interesante trabajo. No hay duda. Su trabajo aburre a los pingüinos.
7º Invoque al azar. Basta que usted aspire a un ideal para que ese ideal se convierta en polvo de estrellas. En cambio si usted escribe y escribe y después escribe se encontrará con lo impensado. Cultive la casualidad.
8º Una vez que se haya hecho amigo de la casualidad. Estructure. Una obra sin una estructura previa es una obra en la que los personajes se desdicen, entran cuando deberían salir para acabar traicionándose a sí mismos irremediablemente en el segundo acto.
9º Acuda al parque de atracciones más cercano. Localice una atracción popularmente conocida como “La Lanzadera”. Un clásico del terror. Cómprese un billete. Deje que le suban a 60 metros de altura para que posteriormente le abandonen en caída libre a 83km/h. en tan solo dos segundos. La sensación que experimentará será análoga a la que vivirá en relación a sus pequeños éxitos y fracasos literarios dentro de esa institución. Abróchese el cinturón si todavía le queda ego.
10º Estudiar dramaturgia no es apto para hipertensos, neuróticos, individuos con vidas al margen, de embarazos ni hablamos y/o enfermos del corazón.