miércoles, 30 de marzo de 2011
To play, jouer, jugar
lunes, 28 de marzo de 2011
Teatro, una vida
Ver de lejos, ver de cerca
Mientras perdure la llama
domingo, 27 de marzo de 2011
27 de Marzo de 2011
Vivimos en el mundo de lo digital, donde una persona puede cruzar un país en apenas una hora, donde lo inmediato está a la orden del día y donde el silencio se ha convertido en una rara avis, algo exótico que pertenece a lo añejo, a la melancolía y a las tardes de domingo.
Un mundo convulso, de pueblos que luchan por su identidad, y de pueblos cuya identidad es la lucha. Un mundo conectado por millones de World Wide Web e infinitas redes sociales que permiten la expresión de ideas al minuto.
Y la gente va al teatro.
Porque el teatro se ha convertido en la muestra de lo real. Y es paradójico siendo la fábrica de la ficción. Pero cuando buscamos algo que nos acerque a lo verdadero, a lo analógico, acudimos al teatro.
Quizá porque respira, y nos conectamos a esa respiración que avanza con el paso del tiempo, que evoluciona y nos aporta momentos de aprendizaje, de evasión, de reflexión, o de consuelo. Quizá porque está tan vivo que nos recuerda que nosotros también lo estamos.
Esta noche en Madrid, Susana irá al teatro, y olvidará que su ex novio –ese cabrón insensible- se llevó al gato siamés que compraron juntos. Y sonreirá ante el descubrimiento del monólogo -del actor del flequillo bonito- en el acto tercero.
En algún poblado centroafricano se reunirán para evocar la primera vez que uno de sus antepasados representó la caza del león.
Y en Rusia, quizá el jardín de los cerezos esté en flor.
El teatro está más vivo que nunca, y nos une a todos, transmitiendo ideas de otros pueblos, de otras mentes, de otras geografías. Devolviendo un poco de paz a nuestro reino de estrés.
sábado, 26 de marzo de 2011
Bando Real
No me gusta el teatro
No me gusta el teatro. Me aburre. Ya no voy. No entiendo eso que dicen por ahí de que nos hace ser mejores personas. Al contrario, yo dejé de ir porque sacaba lo peor de mí. Salía del teatro con ganas de cometer crímenes. Si hubiera seguido viendo teatro, ahora mismo sería uno de los delincuentes más buscados. Afortunadamente, lo dejé a tiempo.
No necesito el teatro, no necesito vivir otras vidas, no necesito que me cuenten historias que ya me sé, no necesito verme reflejado sobre un escenario, no me gusta que me tiren a la cara mis propios problemas desde un escenario, no me gusta que me tiren agua ni objetos contundentes desde un escenario, no me gusta que me insulten desde un escenario, no entiendo por qué los que me rodean van al teatro, no noto nada en los que me rodean cuando vuelven del teatro, no son mejores personas, son personas iguales o peores, o peores.
No me conmueve el teatro, no me ilumina el teatro, no me ilusiona el teatro.
No me gusta que aún haya teatros que no se hayan convertido en cines, no me gusta que los que fueron cines después de ser teatros, ahora hayan vuelto a ser teatros, no me gusta que se rehabiliten otros espacios para ser utilizados como teatros, ni las iglesias, ni las fábricas de caramelos, ni las ferreterías... No me gustan las salas polivalentes, ni las gradas telescópicas, ni los materiales ignífugos. No me gusta mirar al escenario desde lejos y ver el número de filtro que lleva cada foco escrito con caracteres bien grandes. No me gustan los telones, ni las candilejas, ni las varas. No me gusta explicar a la gente lo que son los bolos.
No me gusta oír por ahí expresiones como "mi reino por un caballo", "estaba entre bambalinas", "la vida es un escenario", "aquí muere hasta el apuntador"... No me gusta que el que intenta hacer ver que sabe de teatro se ponga a recitar como un mulo lo de "apurar cielos pretendo...". No me gusta que una vez a la semana alguno de los que me rodean diga eso de "ser o no ser..."
No me gusta sentarme en asientos incómodos a ver esas obras tan largas, después de las cuales se necesita un mes de rehabilitación en centros médicos, para que vuelvan a su ser huesos y articulaciones. No me gusta que las salas de teatro no se ventilen y contengan el mismo oxígeno convertido en dióxido de carbono día tras día (si es que eso es posible), desde el momento en que se termino de poner el techo. No me gusta que una sala "alternativa" sea el espacio en el que buscar una "alternativa" a la posición habitual de las piernas (a continuación de las caderas), porque, en definitiva, el que se tiene que partir las piernas es el actor, no el espectador.
No hay obras nuevas, sólo tostones disfrazados de obras modernas. No hay autores nuevos, sólo autores viejos pero malos, aburridos, sin gracia, sin pasión, sin ganas, pretenciosos, egoístas, disfrazados de modernos. No hay empresarios nuevos, sólo recopiladores de subvenciones, viejos pero malos, mafiosos, chorizos, ladrones, disfrazados de modernos. No hay actores nuevos, sólo seres engreídos, egoístas, prepotentes, narcisistas, disfrazados de espantapájaros modernos, que se besan (si están en paro) con todos los demás de la profesión del teatro, que saludan (si están en paro) a los demás como si los echaran de menos. No hay teatros nuevos, sólo teatros viejos, sucios, incómodos, disfrazados de modernos. No hay directores nuevos, sólo repetidores que reproducen las obras que representaron sus maestros, pues tuvieron la suerte de tener maestros, y a veces ni si quiera reproducen la obra entera, sino la primera escena de las obras que representaron sus maestros, pero se tatúan en la frente el nombre de sus maestros para que quede bien claro y participan en actos honoríficos y dan trabajo a sus amantes, mientras se disfrazan de grandes creadores modernos, porque ellos no son directores, sino creadores, y como complemento final se colocan la bufanda para darse importancia y suplir todas sus carencias.
No me gustan los estrenos porque solo van los que están en paro, para buscar trabajo, pero no se dan cuenta de que los otros que van no tienen tampoco trabajo que ofrecer, porque si tuvieran algo entre manos no irían a los estrenos, pues no les haría falta.
Este año, por el Día Mundial del Teatro, voy a ir a la salida de los teatros a gritar a la gente cosas feas, bien alto y fuerte, y a preguntar a los espectadores si son mejores personas, si han entendido algo, si han pagado, si han salido transformados, si han aprendido algo, si se han conmovido, si se han emocionado, si se han reído, si han viajado lejos, si han disfrutado... si les duele algo al salir del teatro, porque el teatro duele, todos los trabajadores del teatro tienen varias cicatrices... y les preguntaría también si son capaces de sentir algo cuando oyen la palabra teatro... porque yo siento... ¿siento algo?
El Día Mundial del Teatro voy a poner todo el teatro del mundo sobre la mesa, ante mí, lo voy a mirar un rato, lo voy a juntar todo, lo voy a arrugar, y me voy a meter todo el teatro del mundo por... Perdón, no es momento de decir ordinarieces, que hoy es el Día Mundial del Teatro.
Releyendo este texto compruebo que he utilizado 34 veces la palabra "teatro". ¿Por qué? ¿Quizá porque tengo 34 años? A veces me pregunto por qué dedico tanto tiempo al teatro.
¿Qué crees? ¿Que después de esto volveré al teatro? No (palabra que he utilizado 48 veces). Esperaré aquí sentado. Quizá, si algún día, mientras espero, viene Godot, iré con él al teatro. Pero sólo será por la caña de después, porque, definitivamente, es lo único que merece la pena del teatro.
nico guau
P.D. Este texto tiene una solución de jeroglífico al tema "tipo de teatro oriental". Se regalarán entradas para el cine a los 3 primeros ganadores.
viernes, 25 de marzo de 2011
Espectáculo en vivo y en directo
Uno se pregunta, entonces, ¿Por qué desplazarse para ir al teatro? Paradójicamente, ahora que tenemos todo el ocio a nuestro alcance sin salir de casa, es cuando más sentido tiene ir al teatro porque necesitamos la experiencia del directo. Necesitamos algo que, al tocarlo, no se desvanezca. Efectivamente, la experiencia teatral es única. Podríamos ir a ver todas las representaciones de una misma obra en cartel y, sin embargo, cada día veríamos algo diferente. Esa es la magia del directo. Nunca es igual.
En el directo, además, se comparten energías. El actor se contagia del espectador y viceversa. El actor pone toda la carne en el asador, al exponerse en vivo, con el único objetivo de compartir una experiencia única. El teatro es, ante todo, una relación público-actor. Sin esta fórmula no existiría el teatro. En el directo, la emoción del actor se transmite por el aire al espectador. Ambos se funden en un solo sentimiento. Se da el milagro de la empatía. El teatro es el lugar donde se abraza, se voltea, se agita, se proyecta y recibe la sensibilidad.
En un mundo donde prima la pantalla plana, cabe reivindicar lo anguloso, lo corpóreo y fluido. El teatro es sangrante. Es necesario para gentes almidonadas, vital para hipersensibles. Nadie escapa a su fuerza. Tan sólo hay que probarlo. Señoras y señores, pasen y vean ¡Qué comience la representación!